Sonreír ya no es gratis

Hola de nuevo 😉

Intentando ser fiel a lo prometido, y haciendo gala de buena salud al comienzo de la semana, empezamos con una reflexión que llevo unos días en la cabeza. Hace tiempo que sonreír ya no es gratis, no. De hecho, últimamente sale bastante caro. Me explico.

Hace meses que llevo observando mi entorno y cada vez más estoy viendo cómo se han perdido las buenas costumbres, los detalles, y los gestos cordiales con nuestros semejantes. ¿Ya nadie regala ni siquiera sonrisas? No.

Sonreír es un ejercicio que puede ser simple, discreto, alegre y que no requiere mayor esfuerzo; pero es algo que hemos infravalorado hasta el punto de convertirlo en un gesto forzado. Qué lástima.
Y es que ahora todo tiene que tener un motivo. Poca gente puede sonreír por simple naturaleza. Estamos entrando en la dinámica de comparar nuestras desdichas antes que compartir nuestros pequeños – o grandes – éxitos. ¿Y esto por qué?

Porque sonreír no vende. No vende para tu jefe, tampoco para tus compañeros, empleados, ni siquiera para tus clientes o proveedores. No vende.

A todos les parece bien que tengas una sana actitud, que hagas muecas de felicidad, que sobre el papel seas extrovertido, positivo y que veas siempre el vaso lleno (mitad de agua y mitad de aire); pero nadie quiere el cuento del eterno feliz. No. Eso no.
Porque eso va a suponer que no tienes carácter suficiente. Que no te haces respetar, que no tienes voluntad de esfuerzo o superación en el trabajo, que tu personalidad es débil, que así no vendes. Que sale caro que seas eternamente feliz.

Pues… vaya, qué sorpresa. Ahora resulta que si después de todo, después de saber y conocer todo lo que sucede a mi alrededor, pelear por mejorarlo y simplemente sonreír, resulta que tengo que dosificarlo. Entendido.

Me niego.

Será un camino más complicado, seguro; pero a mi me compraron por mi sonrisa, que era y es, mi producto estrella. Y así va a seguir siendo. Y estoy seguro que alguien lo volverá a comprar.

Primera entrada de blog

¡Hola a todos!

Os saluda un guerrero común, ó, en la lengua de Shakespeare, a common warrior. 

Y lo hago, con la sana intención de dar voz a aquellos valientes guerreros de lo cotidiano. A los desconocidos héroes de la rutina, a los luchadores sin fama, a aquellos que tienen como campo de batalla su circunstancia, y como premio, la supervivencia. Ser un altavoz de su combate, esta sería, en resumen, la idea con la que nace el blog.

A pesar de lo exigente de la contienda, espero poder transmitir unas breves palabras dos veces por semana y expresar en ellas un halo de motivación y/o reflexión para aquellos que de alguna forma puedan sentirse identificados; leídos, y escuchados.

Nos leemos pronto. Ánimo winners